viernes, 24 de octubre de 2014

LA LISTA

                                       LA LISTA

  
   Disfrutaba de aquellas delicias culinarias. Sabores de pescado mezclado con salsas agridulces. Platillos bien presentados, y aunque no estaba seguro de lo que comía, la combinación de sabores fluía como una melodía suave y agradable.
  
   De tanto en tanto miraba por el rabillo del ojo a su amigo que estaba sentado a su lado, y entonces le llegaban recuerdos de esa amistad siempre presente en sus vidas, en un tiempo que se difundía en sus infancias.

   El restaurante  Sushi Yoshitake a pesar de notarse un aroma a rosas, no conseguía disimular un tenue olor, mezcla de salsa de soja con fritos de plancha. 
   El bullicio del  céntrico barrio de Chuôko de Tokio, quedaba amortiguado por el dulce sonido de flauta de la música Hougaku. Una luz tenue acababa de propiciar el ambiente justo para relajarse. 
  
   Al llegar aquellos platos de postres luminosos, no pudo por menos que notar un nudo en su garganta, como si microscópicos japoneses clavaran sus piquetas en la tráquea para escalar por ella.

   Aquello era el último deseo de la lista, que cuando quedaron viudos hicieron conjuntamente. Todas aquellas cosas que la vida cotidiana nos obliga a dejar aparcadas para un futuro, pero que este nunca llega y se abandona el mundo sin haberlas realizado.

  El final del rol; Un típico banquete japonés, en Japón y sobre todo en un restaurante con estrellas Michelín.

  Por encima del listado quedaban tachados muchos propósitos ya realizados;  llegar a Canarias en velero, visitar el Kalahari o saltar en paracaídas, entre otros.

   Sus caras iluminadas por pequeños destellos que saltaban desde aquellas bengalas que adornaban los postres, acompañaban su gesto de alegría por haber conseguido culminar con éxito todos y cada uno de los objetivos.

   En ese empeño, con los electrodos de la aventura, la risa, los riesgos, el asombro, la alegría de la conquista, soldaron todavía más los lazos de su amistad.

    






sábado, 20 de septiembre de 2014

A SÉNECA TAMBIÉN LE GUSTA FOLLAR

               
     
         A Séneca también le gusta follar


 
   Era un día de agosto, de esos que se busca una terraza donde pase un poco el aire. Pero como teníamos hambre decidimos entrar y pedir que nos pusieran el aire acondicionado.
  En eso, llegó el Séneca como de costumbre tarde y con su andar pausado. Iba como siempre, con sus gafas de sol colgadas del cuello de su camiseta negra.
  Remarco lo del negro porque me temo que es su color favorito a juzgar por su vestuario habitual, pantalón negro, camiseta del mismo color como ya dije, y por encima camisa azul puesta sin embozar, de manga larga, desabrochada y arremangada dejando las muñecas al aire. En la muñeca derecha su reloj y en la mano izquierda sujetando el móvil obscuro, decorado con el escudo del Real Madrid, plateado destacando sobre ese fondo bruno.
   Sin embargo no todo es lógrebo, desde aquel día que le sorprendió una gran nevada que le pintó el pelo de blanco nieve. Y según explica, con mucho orgullo, decidió no sacudirse nunca esa blancura, como venganza a la tormenta. Desde entonces luce con dignidad esa albura craneal.
   Pero si después de lo dicho pensáis que es un tipo de aquellos que sólo para ellos, existe el blanco o negro ignorando los grises, os equivocáis.
  En la peña de los días veneris, muchas veces le tentamos para que caiga en alguna pregunta trampa, pero siempre sale airoso de las mismas, por ejemplo.
   —¿Cómo se pesa el humo de un cigarillo?...  O esta otra.
   —¿Cómo sabe el cuerpo los límites de la cama para no caerse?
   Nunca responde rápidamente, para él esos segundos son ese tiempo diferente que no se mide con los calendarios ni con los relojes, por ser el espacio íntimo y personal que hablas y buscas en tu cerebro las respuestas más apropiadas a preguntas un tanto inadecuadas.
   —Veréis —empieza a hablar con la misma delicadeza como coge los cubiertos, para que me entendáis como un cirujano su bisturí— respecto a lo primero no quiero extenderme, os sugiero que volváis a visionar el film Smoke... ¿Recordáis al estanquero de Brooklyn el señor Auggi?
   Claro ninguno del resto tenemos ni idea de lo que hablaba, pero la humildad no es precisamente el factor común de la peña, todos asentimos con la cabeza, cómo si supiéramos de qué hablaba... ¡Faltaría más!.
   —¿Y la otra pregunta? —Espetó alguien casi como un reto.
   El Séneca, ¡Ah!... me olvidaba que además su nombre de pila es el de un patricio romano, como no podía ser de otra manera. Pues bien, junta los labios con extrema suavidad, mueve los dedos índice y pulgar haciendo pinza, como si fuera a coger una tiza y apuntar con ella su respuesta en una pizarra. Entonces esboza una amable sonrisa y contesta con una pregunta.
  —Tienes razón, pero no contesto porque no conozco la respuesta. Esa pregunta es cómo si yo en este foro, informal, lúdico, festivo, jovial y hasta parrandero, preguntara con trascendencia ¿Qué es la política?
   A partir de aquí, se armó el revuelo, como un gallinero. Todos queríamos hablar, lo hacíamos precipitadamente, algunos imponiendo el tono, otros con una inacabable y aburrida extensión  y los menos con sus batallitas. Todo ello como factor más importante que el propio argumento, que en definitiva sería el que sustentara el razonamiento de la respuesta. Además circulando por vías diferentes que lo único que importa es llegar el primero imponiendo la velocidad, ignorando cualquier convergencia, tapar al otro, en suma no escuchar.
   También hay que decir, en honor a la verdad, que ese tono es proporcional a las botellas de vino consumidas.
   No cabe deciros que en este caso concreto sobre la política, se  habló desde los dinosaurios, pasando por la edad de piedra mezclada con el racismo, la segunda guerra mundial, la ETA, y el franquismo, por sintetizar.
  Séneca permanecía en silencio, bueno ahora recuerdo que tampoco os dije la edad que tiene. Pues está en esa edad dónde los relatos todavía no se han convertido en batallitas. ¿Me entendéis?.
  Al poco y algo agotados de los farragosos discursos, alguien dijo

  —Y tú —señalando al Séneca— Estás muy callado, no dices nada con esa mirada lánguida ¿Qué piensas y qué respondes a tu pregunta?
  Séneca alzó la cabeza, pero sin acritud ni soberbia, simplemente para asegurarse que le escuchaban. Empezó a hablar como siempre, con palabras atemperadas como un valle liso y sin dobleces.
   —Bueno a decir verdad pensaba en la cama con una mujer bonita. Pero os voy a contestar a lo que me empujas. —Dirigía su mirada al interrogador— Aunque conocéis todos de sobras mis ideas políticas, os diré que he llegado a la conclusión de que la política es lo único que nadie confía en nadie, y todos dicen que saben hacerlo mejor que el resto.
   Todos nos pusimos a reír, más que nada para minimizar tan sabia sentencia, que alguien dijera esto era sabio, pero no conveniente para nuestro orgullo.
   A aquello se le tenía que dar un giro.
   —Oye lumbreras —dijo otro dirigiendo la pregunta hacia el Séneca— Has dicho que pensabas en la cama. Anda, a ver si tienes cojones y nos explicas tus pensamientos. Listillo, que eres un listillo.
   La pregunta estaba envenenada, todos esperaban una respuesta un tanto académica, si así fuera era momento de la remontada, en ese campo pensamos que somos más diestros que él.
   En realidad si os he de ser sinceros, todos y cada uno de nosotros creemos ser los campeones en los temas de sexo. Como está mandado en los tíos.
   Planteado así parece que fuéramos todos contra uno, pero no era así, el núcleo de la amistad esta siempre presidiendo la peña de los días veneris, de modo que siempre suele acabar todo en empate técnico, celebrado con simpatía y cordialidad. Y habitualmente brindando con cava ¡Por qué no confesarlo!... ¡Coño!
   Séneca intentaba recordar dónde había leído esa sentencia sobre la política que gratuitamente se había otorgado, pero no lo conseguía. Pero nadie le había acusado de plagio, así que todo estaba bien. Sobre lo de la cama le gustó el reto y entendió la trampa, los tenía que sorprender.
   —Bueno veréis la cama es ese lugar salvaje lleno de sorpresas e imprevistos, con ese ambiente dulce pero a la vez tórrido, que está cargado de flores exóticas y músicas de arpas celestiales —Aquí hizo una pausa. Observaba las caras que reflejaban la alegría por constatar las cursiladas que estaba diciendo, y que daban mucho juego para ponerlo en ridículo, pasaron unos segundos y prosiguió— Dicho esto he de añadir que como elemento principal la cama es el lugar donde follas y practicas la jodienda, desde la mayor cochinada hasta la más sofisticada situación... –Volvió a hacer un alto, esta vez más pequeño— pero sabéis que os digo que... ¡Viva la cama y viva las tías!... desnudas mejor.
   Todos nos partimos de risa, realmente el giro dado a su discurso, había sido ágil, hábil e inteligente.
   ¿Entendéis porque se ha ganado el sobrenombre del Séneca?
   Por cierto no he visto Smoke, ni tengo idea de que me habla, pero yo a lo mío.



  




   


  

jueves, 4 de septiembre de 2014

GRATIS Y LA PAELLA VIRTUAL

                                     

                     Gratis, y la paella virtual




   No estoy hablando en un sentido teórico, sino de dinero contante y sonante, eso tan deseado, tan resbaladizo y tan peligroso como la trilita.
   Para él, gratis no es un tópico ciclópeo, algo así como decir que el fuego si lo tocas te quema.
   Pero antes debo explicaros el personaje.
   Es un hombre maduro de gran envergadura y aspecto rudo, como de sheriff que en cualquier momento puede sacar de su cadera derecha un revólver del 38. Habla mucho de sí mismo, pregunta poco por los demás y sabe escuchar. Al tiempo es afable y resolutivo.
   Posee una inteligencia despejada y un juicio ponderado. Es de una conversación escueta, poco flexible pero culta, nutrida por una formación autodidacta y con una gran capacidad de absorción de todo lo que ve y oye.
   Para que me entendáis, es el hombre con el que querrías te tocara de compañero de naufragio en una isla desierta. Versado en tantos trueques sabría hacer de la arena albóndigas deliciosas.
   Cuando entra en un bar, levanta la vista como oteando el horizonte, con ella recorre todos los rincones hasta dar con el periódico del día. Entonces lo abre por las páginas salmón, se coloca sus gafas, de esas que parecen rotas por ser en dos trozos, y hace dos cosas: primero recorta con disimulo el cupón que la editorial ofrece y segundo hace el crucigrama.
   Os diré que sus productos conseguidos gratis con los cupones, tales como vajillas, cristalerías, cuchillos, cuberterías, sartenes, ollas, despertadores, radios, discos, relojes, libros de esos que nunca se leen, navajas, ventiladores, y cosas de este estilo, son numerosos.
   Para abreviar decir que sus existencias nada tienen que envidiar a cualquier comercio de esos de todo a un euro, (para entendernos de los chinos)
   Ha sido de los primeros en transformar el humo de sus pitillos en vapor, de ese de las boquillas electrónicas, con el ahorro considerable.
   Los kilómetros y el tiempo consumido en buscar la gasolinera que ofrezca el carburante uno o dos céntimos más barato, no contabilizan en el debe del ahorro de esa compra. Yo creo que esa cosa tan cansina es una simple excusa para estar más tiempo despistado.
   ¿Y lo del palillo?
   Cuando todos los comensales piden una nueva botella, él la coge la decanta y pone un palillo plano en el gollete, a modo de grifo. Entonces espera que resbalen dos o tres gotas que vierte en su copa. Sin darse cuenta que en esa larga espera los otros ya han consumido parte de la nueva botella.
   Pero lo más curioso es cuando en los almuerzos de la peña de días veneris, se habla de la paella.
   Me pregunto: por qué todos se auto proclaman ser los reyes de ese plato. Se suscita la discusión de siempre, sobre lo genuino de ese manjar. Que si de pescado o de carne, las galeras contra los caracoles, garrafones mejor que gambas, tocino si o no, grano suelto o más compacto, en resumen que quien más quien menos está en posesión de la verdad. Todos sin excepción acaban en el siguiente envite:
   —Ya veréis cuando os haga la paella a mi manera, me daréis la razón.
   Estaréis de acuerdo que se puede llegar a hacer dudar de  la razón sobre algún tema, pero en este asunto nadie da su  brazo a torcer.
   Contrariamente a lo que se pueda pensar de nuestro personaje que GRATIS es parte de su filosofía de vida, no es tacaño, agarrado o menguado, por eso no es cosa baladí que nos haya invitado a todos a una paella cocinada según su sacro santa receta.
   También es verdad que de momento es una paella virtual, algo así como cuando suena ese sonido metalizado de gota de agua, que anuncia ese mensaje del whatsaap con la foto de esa modelo brasileña del todo inalcanzable.
   Pero estoy seguro que pronto os podré explicar la conversión de la virtualidad en la realidad. Sólo entonces concederemos la medalla de oro de las olimpiadas paelleras.
   Mientras tanto todos los reyes de la paella, no dejan de reinar en el país de la virtualidad.


jueves, 24 de julio de 2014

OJOS DE AGUA

                                                   


OJOS DE AGUA


   El atraso del avión mantiene en mi retina el recuerdo de los días vividos y la calidez del abrazo de la despedida.
   Desde la sala de espera miro la pista, sólo movimientos nerviosos de operarios vestidos con monos con el logotipo de la compañía.
   Alzo la vista y veo las estrellas, pero ellas no tienen la respuesta, sólo queda esperar y no perder el rayo de esperanza que mantiene mi ser absorto por los momentos pasados.

  Estábamos sentados frente al pantalán, los olores de salitre, brea, madera y yodo se mezclaban en los pulmones. Corría una brisa de poniente que movía las drizas golpeando los mástiles de los yates, ese sonido adornaba el silencio del atardecer.
   —Suenan como un cascabel —dijo ella sonriendo
   —Si fueras una melodía sonarías así —le contesté.
Ella con sus ojos expresó su duda, quizás por desear alargar el piropo y preguntó:
   —¿Cómo sería esa melodía?
    —Sería cómo tú, un  cascabel de ilusiones.
   Entonces me fije en sus iris de agua que reflejaban un tono apagado, guardando insondables recuerdos de vida pasada, como deseando que alguien la entendiera.
   —Eres muy galante, si eres tan listo dime qué es aquello. —Dijo esto acompañada por una mirada de misterio, señalaba un enorme noray.
   —Eso es un noray, listilla —le contesté yo con satisfacción.
   El ambiente continuaba, como en los días pasados;  lleno de pequeños gestos, aquellos que conforman el galanteo que  como si fuera una hoguera a medida que echas madera da llamas más poderosas.
   —Y ¿para qué sirve? Anda si es eres tan listo, dímelo —respondió ella, sin disimular que en realidad poco le importaba la respuesta, pero si que yo le hablara.
   —El noray es dónde atan las amarras los barcos... señora.
   Habíamos pasado unos días inolvidables, de allí iríamos al aeropuerto mi avión salía a medianoche.
   Podría explicar ese tiempo con el lenguaje del amor, el fuego, la pasión irresistible, las mariposas en el estómago, el temblor del alma y cosas así. Pero imposible explicar esa bondad y paz, una cosa suave que lentamente te va invadiendo.
   Todo era demasiado peligroso, mis palabras se podían tornar, frágiles como de cristal fino y se podía romper, entonces ver el daño de los vidrios rotos clavándose en aquellos ojos de agua no lo podría soportar.
   Pero es difícil abandonar una sombrilla al sol en pleno verano, sin embargo era lo más prudente. Disfracé mi amor bajo el nombre de amistad, porque ni mi edad ni la discreción de ella permitían reconocerlo.
   Ella vestía sencillamente, siempre con una risa amistosa y amable, mostrando un carácter jovial. Pero al tiempo rodeada de una imagen de  indecisión, como de niña perdida, desamparada; en ese contraste residía su duende.
   Aquello que me pasaba no tenía manera de clasificarlo dentro de los conceptos tradicionales que creemos que cabe la vida, amistad, matrimonio, amor, aventura, infidelidad. Era otra cosa que todavía no podría situar.
   Permanecíamos callados mirando como el sol bajaba para fundirse con el horizonte, esa hora de los colores.
   Entonces apareció una gaviota solitaria, volaba majestuosamente con las alas extendidas impelida por la brisa, como si fuera una pluma. Sobre su pelaje blanco se reflejaba el sol amarillento del atardecer.
   —Mira la gaviota, vuela sola —rompió nuestro silencio señalando hacia el cielo.
   Yo sentí en sus palabras un tono de tristeza.
    —Si vuela sola, pero sé la vez feliz. —le contesté
    —Quizás busque a su compañero que marchó. No... no está feliz está llena de añoranza ¿No lo ves?
   Esto me dejó descolocado, no quería que mi marcha regara de gotas de tristeza mi última tarde.
   —Bueno, pero seguro que volverá.
   Sus ojos de agua se ensombrecieron y gruesas lágrimas rodaban por sus mejillas.
   —¿Por qué lloras? —Pregunté con el corazón encogido.
   —¡Déjame¡ ¿Tú también? —dijo esto cansada de que todo el mundo le hiciera la misma pregunta.
   Me quedé absolutamente perdido, tenía razón, había olvidado que las lágrimas sólo son propiedad de quien las derrama, y nadie puede intrometerse en esa intimidad. Nada más se me ocurrió decir:
   —Hay muchas clases de lágrimas, tú las debes conocer todas, perdona por decirte cosas que no debía. Las lagrimas de la risa ¿A qué son las mejores?
   Dije esto para cambiar aquel rumbo de colisión que tomaba la despedida, no quería que nada se rompiera.
   Entonces ella sonrió mientras se secaba las mejillas con la palma de la mano. Me miró con complacencia como queriendo decir que no pasaba nada. Entonces dijo:
   —Te echaré de menos.
   —Yo también.
   El sol estaba ya muy bajo, la brisa de poniente arreciaba, empezaba a hacer fresquito.
   Yo me sentía feliz de ver que aquellos ojos de agua se habían convertido en mensajeros de felicidad, la luz que se reflejaba sobre sus iris ya no se mostraba apagada, ahora esa luz era como un mensaje de su alma renovada.





  

miércoles, 23 de julio de 2014

LOS CULOS MAS PRECIADOS

          LOS CULOS MAS PRECIADOS

 

   
   Si quieres saber si un amigo te es sincero, pregúntale que es lo primero que se fija en las mujeres.
   Si te contesta que lo primero que mira son sus ojos, no te fíes o es un romántico o no te dice la verdad.
   Si te responde que en las manos, o es pianista o tampoco es veraz.
   Si te contesta que el culo, es un técnico; ya que te dirá que si esa parte de  la anatomía está bien, posiblemente el resto será proporcionado. No acaba de ser sincero.
   Pero si te dice que los pechos, sí es sincero y te dice la verdad sin ambages.
   Digo esto porque este viernes en la peña de los días veneris, salió este tema, y ganó esa parte anatómica, pero no por goleada esa es la verdad.
   Pero el flecha cortó el tema haciéndonos un anuncio a  bombo y platillo, que dejó ese asunto cerrado. Dijo:
   —Dentro de dos meses no me vais a conocer, cambiaré de imagen, me dedicaré a promocionar mis encantos.
   Lo expresó de  una manera de modo que si Zorilla viviera, basaría su Juan Tenorio en esas futuras vivencias.
   Todos nos pusimos a reír, precisamente él, que está anclado en el pasado, pero proponiendo a todas horas cosas para el futuro, sin quedarse en el presente, es decir como una flecha que pasa por alto de orilla a orilla ignorando el agua del río, por eso a veces le llamamos el flecha.
   Hay que reconocer que es un personaje singular. Mientras expone sus argumentos saca un bolígrafo y dibuja la idea con trazos sobre cualquier papel que le caiga a mano, y no sólo eso sino que cuando está de pie, sustituye esos dibujos con suaves golpecitos que va dando sobre el hombro del interlocutor. Parece que necesite esas cosas como muleta de apoyo a sus palabras.
   Pero lo importante, aparte de que en una olimpiada de la comida,sería medalla de oro en el lanzamiento de alimentos hacia la barriga, dejando en segundos el plato limpio. Es un  personaje vehemente, ardoroso, apasionado, vibrante, temperamental, a la vez que generoso, dadivoso, pródigo y sentimental.
   Eso no quita para que suela mancharse la corbata, (cuando la lleva), no vista nunca tejanos, y cuando se enfada siempre diga lo mismo:
   —Si me ves en la cola del cine no te conozco.
   Sin darse cuenta que hoy en día con la compra en internet, pocas colas se hacen.
   En honor a la verdad esos enfados suelen ser como un helado al lado de una estufa.
   Pero en fin, la peña sin él no sería lo que es.
   Volviendo al principio, cuando acabó de exponernos su futuro proyecto, disimuladamente me hice con el papel dibujado, ¿Sabéis que había?
   Un culo, bueno yo diría que era eso.




viernes, 13 de junio de 2014

TIEMPO DEL ADIÓS

             
TIEMPO DEL ADIÓS



   Tiempo para esa mirada interior que nos llena de un fluir que nos va llevando hacia ese espacio de silencios.
   Tiempo sereno lleno de segundos, como un poema que mana desde la interioridad del alma.
   Tiempo para acrisolar la intimidad de sentirse amado al tiempo que se ama.
   Tiempo justo para preguntarle a la madrugada, a los árboles, a las piedras, al cielo, a las nubes, al mar, seguramente en ellos encuentres las repuestas a tus preguntas.
 
   ¿Qué nos está pasando? —Preguntó ella arrastrando las palabras, con un cierto pudor.
   Aquel atardecer traía un aire caliente, olía a yodo y la luz todavía era blanca. La brisa había dejado un cielo azulado, limpio y luminoso a la vez. El mar estaba liso como la superficie de un espejo.
   Era el día del adiós.
   Nuestras manos entrelazadas, caminábamos con cuidado por ese camino estrecho que bordea la orilla, buscábamos en nuestro silencio respuesta a esa pregunta.
   El camino al principio estaba alquitranado, pero lentamente la tierra lo había invadido convirtiéndolo en un veril estrecho, formado por piedras llenas de grietas por donde crecía la hierba.
   A nuestra derecha las olas lamían las rocas, en su ir y venir arrastraban como brillante purpurina dorada, apenas un golpe seco y sordo. En dónde no había rocas se formaba una espuma blanca, que al retirarse sonaba como si se vertiera gaseosa desde lo alto.
   —No sé la respuesta, sólo deseo amar y ser amado —Contesté apretándole la mano, mi corazón parecía que estuviera tocando el tambor.
   —¿Cuándo te volveré a ver? —Preguntó ella, aún sabiendo que esa pregunta no tenía respuesta.
   Al día siguiente yo partía hacia el frente de Kosovo.
   Me paré, estiré el brazo derecho y la abracé susurrándole al oído:
   —Pronto
   Ninguno de los dos hacíamos nada para finalizar el abrazo, bien al contrario nos apretábamos, cómo sin nos quisiéramos fundir en una persona.
   Al fondo se veía la ancha bahía y en medio un pequeño islote.
   Ella aflojó el abrazo y señaló hacia el horizonte.
   Esa mirada interior ha permanecido en mi todo este tiempo de hospital, y cuando miro el mar me reconforta saber que alguien me espera en la otra orilla.


viernes, 6 de junio de 2014

LA PEÑA DE DIES VENERIS

           LA PEÑA DE DIES VENERIS



   Tuvieron que pasar bastantes viernes para que al final decidiéramos bautizar nuestras reuniones semanales con un nombre.
   La discusión fue acalorada, todos nosotros tratábamos de formar un argumento, algunos embellecían lo esencial, otros descartaban eso y ponían énfasis en lo superfluo, de una forma u otra no se adelantaba y pasaban los viernes y seguíamos sine nomine.
   Finalmente un hecho casual solucionó el dilema.
   Hacía varios viernes que se había incorporado un amigo nuevo al grupo, bueno si algo nos caracteriza es que siempre tenemos los brazos abiertos para todo el mundo, en especial para las mujeres; cosa que no sucede nunca por no faltar a la verdad.
   El personaje en cuestión ha pasado el medio siglo, aunque se hace difícil acertar su edad, es como el siete y medio, o te pasas o no llegas.
   Disfruta de una orgullosa barriga, como si dijéramos que lleva el barril de Diógenes incorporado a la cintura, por otro lado en eso no es muy diferente al resto.
   Lo que si le diferencia es que por mucho que le llenen el plato, cosa que como norma la cocinera ya lo hace con él, nunca lo encuentra suficiente.
   Me gustaría ir un día con él a esos autoservicios, a ver la aplicación de Arquímedes, el peso desplazado dentro de la barriga es igual al número de kilómetros recorridos hasta los bufetes.
   Los viernes soleados, los rayos entran con fuerza por la ventana y resbalan sobre su cabeza dándole un brillo de bola de billar.
   Viste de manera informal dónde lo práctico es lo importante, como si fuera un tercer brazo lleva colgando sus gafas por el típico cordón, ese que cuando vas deprisa siempre se te enreda.
   Cuando toma asiento, saca de sus bolsillos tres móviles que coloca a su derecha, uno de ellos de color rojo, bueno un día llamaré a los tres al tiempo, para ver el que tiene preferencia por ser el que contesta primero.
   Pero lo más curioso es que cuelga de su hombro una especie de bolso, no se separa nunca de él.
   Eso podría no ser significativo, pero demos un vistazo al contenido: libreta, bolígrafo, lápiz, sacapuntas, lima, abrelatas, llave inglesa, destornillador hallen, otro normal, sacacorchos, linterna, pito, agenda. manual de supervivencia en el bosque, tiritas, navajas, clavos, tacos, barrena, cinta métrica, bombilla pequeña, leds, dos llaves fijas del 4 y 8, sierra pequeña, medidor de voltaje, despertador, brújula, clinex, aspirinas, preservativos, un trozo de metacrilato, petaca de licor(vacía), paquete empezado de galletas, chicles de menta, encendedor,paquete de cigarrillos, calendario, radio... por mencionar algunos que recuerde.
   Yo lo se porque un día el bolso se le cayó al suelo y se abrió quedando todo su interior desparramado, como cuando se te cae un palillero, casi se hizo de noche recogiendo las cosas.
   En resumen es de aquellas personas que te gustaría tenerla al lado en la balsa salvavidas después del naufragio, o perdidos en el bosque.
   En fin como un caracol con la casa a cuestas, por eso empezamos a llamarlo caracol y ahí se le ha quedado.
   Habla dando cadencia a sus palabras y una cierta musicalidad, no en balde entre muchas cosas, toca la guitarra y canta, eso de cantar lo solemos sufrir muy al final, cuando después de muchas copas, su voz se vuelve ronca y rasgada arrastrando las palabras. Bastante distinto de la hora del aperitivo que por su dicción y modales se adivina un hombre de un considerable nivel de instrucción, más que nada como de un alumno aventajado de la vida.
   Y eso es cierto, es más barato y mejor dejar que hable ya que no hay tema que no lo haya vivido, es más yo creo que si pusiera sus experiencias de vida una detrás de otra darían varias vueltas al mundo. Si no dejas que hable estás perdido, porque su circunloquio se enreda como una madeja de lana mal guardada.
   Pero todo hay que decirlo, gracias a él nuestra peña ya tiene nombre.
   Resulta que para caracol, no hay tema que no conozca, seguramente por ejercitar tantos oficios se cree que sabe sobre otras cosas más importantes, habla como si estuviera en posesión de la verdad y diera un discurso en un  aula llena de gente.
   No quiero decir que sea un hombre mendaz, pero si algo desmedido, excesivo o desmesurado, por otro lado en eso no se diferencia mucho del resto, excepción de algún  otro que añade a eso el fanatismo exacerbado. Pero no os asustéis, eso es típico en las reuniones de amigos, especialmente cuando se habla de conquistas femeninas.
   En cualquier caso os digo que no os fiéis de la gente tan segura, aquellas que están en posesión de la verdad, pues como ya sabéis las verdades o son añagazas o son obsoletas.
   Pero lo más divertido de caracol, es su manera de expresarse utilizando el lenguaje corporal.
   Habla gesticulando con su cuerpo, especialmente controlando su mirada, y sobre todo apuntando con  el dedo, como ese poster que ya conocéis del tío Sam.
   Claro que en eso si es diferente de otro personaje del cual hablaré otro día, que cuando habla y por casualidad estás a su lado, no para de darte golpecitos en el antebrazo para reforzar su argumento, y  si no puede lo hace bolígrafo en mano dibujando en las servilletas. A veces acabas con el antebrazo dolorido, en función del rato que le has dejado hablar, pero eso como he dicho es otra historia.
   Este viernes pasado salió a la conversación el tema de la monarquía, como siempre opiniones para todos los gustos y recorridos, desde el hombre de las cavernas, la revolución industrial, la segunda guerra mundial, hasta madame Curie.
   Uno del grupo, el que dice ser escritor y no es más que un empedernido lector, de ese también hablaré otro rato, es un singular personaje. Cansado de tanta retórica se le ocurrió cortar aquella desordenada discusión diciendo:
  --¡Vale y ahora seguro que alguno de vosotros dirá que la dinastía Borbónica en sus orígenes ya se nombraba en la mitología griega.
   Todos soltaron una carcajada menos caracol, este señalando otra vez con el dedo hacia el resto dijo:
   —No os riáis, seguro que sí...
   —¡Anda ya¡ seguro que si y representada por Venus. —espetó el escritor con sarcasmo.
   —Pues puede ser —dijo caracol, un poco picado— ya verás Venus la diosa del amor y la belleza, habla algo de las dinastías mitológicas, pero...etc etc
   Se hizo un extraño silencio, algo anormal ya que siempre todos solemos machacar con contra argumentos el discurso del otro, generalmente sin  dejarle acabar.
   Pero esta vez caracol que disertaba solemnemente sobre la deidad de Venus, decía cosas muy dispersas, pero como eso había cambiado el aburrido debate de la monarquía, por otro que trataba de mujeres bonitas, amor, y cosas así todos estábamos callados.
   En un momento dado el escritor dijo:
   —¡Caramba que callados, parece que el tema tías es el más recurrente¡ Nos podíamos llamar el club Venus.
   En eso uno de nosotros dijo, pero no sabría decir quien había muchas conversaciones cruzadas. Posiblemente  fue copito de nieve, de ese hablaré otro día, adelanto que este personaje nos da sopas con honda, en su base cultural.
   —¿Por qué no dies veneris?
   Se hizo un silencio sepulcral, de aquellos de iglesia, cuando no hay viejas en los bancos naturalmente.
   Sin nadie pedirlo, de forma espontánea fuimos alzando la mano, como hacen los que votan en los cantones suizos.
   Así quedó ese nombre para nuestra peña de los viernes, no sé lo que durará esa etiqueta, pero ahí está.
    
  


  

 




   
   


domingo, 25 de mayo de 2014

DANZAD PUNTAS DANZAD

                 DANZAD PUNTAS DANZAD



   Lo importante no es llegar al final de un camino, sino cuando llegas tener otro nuevo por el que empezar a transitar.
   He puesto una olla al fuego y ya hierve el agua, es el momento de meter las puntas, ¡Cuanto camino recorrido con  ellas¡ esas puntas tantos años guardadas, hoy es el momento de darles su merecido descanso, mañana lo haré yo después de mi última función como profesional.
   Ya no me acordaba del fuerte olor de la cola al derretirse, ¡eso me colocaba sin pretenderlo¡
   Están blandas, voy a la cocina a buscar las pinzas largas, las que uso para la carne,  y sacar las puntas sin quemarme.
   Las giro como si fueran un calcetín, saco el yeso y el cartón del extremo y luego la suela.
   Las vuelvo a poner del derecho y espero que se sequen para trabajarlas y amoldarlas al pie. Al final se habrán convertido en medias puntas. El té que puse en la olla ha dado resultado, le han dado color.
   
   Mientras espero, mi mente viaja por el tiempo; aquel día de mi primera audición, a pesar de los años transcurridos recuerdo cada detalle de aquella jornada.
   La noche anterior los nervios se apoderaron de mí, pase gran parte de la noche en vela, revolviéndome inquieta en la cama repasando mentalmente las lecciones de mi tutor.
   Colocar el cuerpo perfectamente alineado en un eje vertical, los hombros hacia atrás, relajados y centrados sobre las caderas, la pelvis derecha, la espalda recta, las piernas bien estiradas y rectas, el peso del cuerpo apoyado por igual en ambos pies.
   Me veía a mi misma como suspendida en el vacío, por un hilo que me salía desde la cabeza.
   Retumbaban en mi cerebro las palabras de mi tutor, que me decía que para trabajar las puntas lo más importante es la coordinación de todo el cuerpo, algo como que cada parte se adapte sin mostrar esfuerzo, sin perder la posición inicial.  Una y otra vez me repetía -No curves los dedos de los pies y no los encojas, las rodillas completamente rectas para que la articulación del tobillo forme un ángulo recto con  el pie que va delante al colocarse en demi-pointe.
   Me desperté bañada en sudor frío, parecía que los huesos se me iban a descoyuntar.  Los tobillos parecían frágiles a punto de romperse y los dedos de los pies estaban agarrotados y los tenía cubiertos de manchas coloradas que no se habían desvanecido del ensayo del día anterior, y me dolían enormemente.
   Me costaba mover los pies, estaba tensa, dolorida y agarrotada ¿cómo iba a poder bailar?
   Pero aquella audición si salía elegida, podía ser el principio de un camino soñado y deseado.
   Recuerdo perfectamente todas esas sensaciones como si fuera ahora mismo, lo que no logro acertar es como fui capaz de llegar hasta la ducha, notar el agua bien caliente abrazando mi cuerpo, sabía que eso era lo imprescindible para desentumecer los músculos, pero no sirvió para alejar mis miedos y menos mis nervios.
   También recuerdo cuando llegué al conservatorio, y deje mi bolsa en un rincón. Ponerme el maillot, los leotardos y las puntas supuso un esfuerzo que me dejó casi sin aliento, pero al final llegue a la barra para hacer ejercicios de estiramiento, me puse en posición y empecé suavemente formando grand battement y después varios  pliés, doblando arriba y abajo las rodillas.
   Pero no me centraba aunque el dolor empezaba a remitir, aquello hervía de bailarines y bailarinas esperando como yo, oír su nombre para bailar ante el jurado.
   Ellos y ellas hacían estiramientos, algunos incluso formando Primer Arabesque e incluso los más atrevidos unos Ecartés.
   El caso es que parecían ajenos a lo que los rodeaba, sin dignarse a mirar a nadie, realizándolo con una impecable técnica, pareciendo que aquello era fácil.
   Lo recuerdo como si sucediera ahora, pensé que cualquiera de ellos era mejor que yo, que con dificultad había llegado a ejecutar un frappé sobre puntillas de tres cuartos, me acuerdo que estuve a punto de recoger mis cosas y marchar huyendo de allí.

   Cuando entré en la sala de la audición me chocó ver lo grande que era, el suelo cubierto con una madera brillante formando espigas. Al fondo estaba la mesa de los jueces. Mientras dejé mi CD para empezar, pude fijarme que el jurado estaba compuesto por dos hombres, uno de mediana edad y otro entrado en años, este con el pelo surcado de estrías plateadas, tez sólida y adusta. El otro más joven con la cabeza como una bola de billar sobre la que resbalaba la luz indirecta, que entraba por las ventanas.
   También estaban sentadas dos señoras de edad madura, una de ellas con gafas, las dos con una mirada inquisidora y sin levantar la vista para mirarme. Consultaban todo el rato carpetas de diversos colores.
   Me sentí intimidada, esa sensación la he vuelto a sentir muchas más veces el primer día del estreno. Tanta cara seria, se respiraba un ambiente tenso y pesado, como si desearan que aquella audición acabara pronto, por tener la bailarina escogida de antemano y aquello fuera por pura comedia, para pasar un trámite.
   Para bailar había escogido el tercer movimiento del verano, de las cuatro estaciones de Vivaldi.
   Me situé en el centro de la sala esperando los primeros acordes para empezar, la coreografía la había preparado a conciencia con mi tutor. Me dolían extraordinariamente los tobillos parecía que se me iban a romper de un momento a otro, tenía el cuerpo tembloroso pero disimulé el dolor, y enseguida me puse en posición correcta, la aprendida en tantas sesiones.
    Al principio mi cerebro repetía las órdenes para dar los pasos al ritmo de los compases, pero poco a poco mi cuerpo fue desoyendo esas órdenes y fue entrando en el ritmo de la melodía. como si quisiera convertir la música en sentimiento.
   La tormenta de Vivaldi fue para mi la tormenta perfecta, para que mi alma dirigiera todos los músculos de mi cuerpo, en una comunión maravillosa dando vida propia a mis puntas, para que danzaran y danzaran sin parar, creando un efecto de enorme belleza, que ponía la carne de gallina.
      
   Al acabar habló una de las señoras del jurado, la que estaba en el extremo derecho de la mesa, bordeaba la cincuentena, facciones toscas pero inteligentes, unas gafas de alambre que le daban un aire de maestra, un porte distinguido.
   Me esbozó una sonrisa, pero lo que me llamó la atención fue cuando se levantó  y vi sus piernas, sin duda había sido bailarina, colocó, los pies tocándose los tobillos y las puntas hacia afuera formando un  perfecto Dehors.
   Con voz autoritaria pero sin dejar de ser amable, me indicó que ya recibiría noticias.
   He de reconocer que mi cara en aquel momento debió ser franca y radiante, llena de expectación, todavía no conocía el miedo, el dolor y el sacrificio de la vida que deseaba empezar.
   Sin duda estaba llena de esperanza, que en cierto modo no deja de ser miedo, por aquello que deseamos pero no confiamos del todo que podamos conseguir.
   Saludé, recogí mis cosas con dignidad de princesa, y salí dando pequeños saltos como si fuera una pequeña gacela herida.
  
   Días después me sorprendió enormemente recibir aquella carta anunciándome que había sido la elegida en la audición.
   Recuerdo que era un viernes por la tarde, mi alegría era tal que de un modo u otro, o quizás de manera inconsciente guarde esas puntas, que han estado viviendo con otras puntas, pero esas nunca más me las puse, han sido mi amuleto de la suerte.
   Aquel día danzaron y danzaron por mí. Ahora las he convertido en medias puntas y tanto ellas como yo hemos llegado al final del camino, pero para empezar otro nuevo.






   
  
   
   
   

sábado, 17 de mayo de 2014

LA CHICA QUE TENÍA LOS OJOS TRISTES



                                      LA CHICA QUE TENÍA LOS OJOS TRISTES


   Cuando la conocí, lo primero que vi fueron unos lagrimales enrojecidos como si estuvieran llenos de granos de arena.
   -- ¿Por qué estás triste? --Le pregunté
   Ella no supo que contestar, miró de lado a lado como si buscara a alguien que le ayudara a responder:
   Al verla así quise facilitarle la respuesta y modulando mis palabras le dije:
   --Parece que tu pensamiento está solitario, como si vagara buscando por los rincones del desierto de los pensamientos. ¿Qué buscas?
   Entonces fijó la vista hacia el suelo, se puso las manos tapándose la boca, como un niño pequeño al que se le reprende, estaba rodeada de un aura de inocencia.
   Le pregunté:
   --¿Por qué no me miras?
   Alzó la vista y me miró, entonces pude observar con detalle su cara, estaba triste, como si conociera demasiado el miedo y el dolor, pero al mismo tiempo se adivinaba una mujer acorazada contra el mundo.
   Seguía en silencio, como si solamente pudiera hablar a través de la mirada. Entonces me di perfecta cuenta de que aquella mirada era como un dolor de pérdida, en el fondo era una mujer muy frágil. Proseguí hablando:
   --En tu mirada se refleja la tristeza de un corazón desengañado, que se protege con la coraza del silencio, para no dejar verter aquellas lágrimas que demostrarían debilidad, frente a aquellos golpes bajos que la vida te ha dado.
   Se instaló un poderoso silencio, de aquellos que te envuelven. Ahora en sus ojos se reflejaba la luz del atardecer, apenas un destello.La tarde estaba muy avanzada, todo se cubría de tonos dorados alargando las sombras. Soplaba una ligera brisa cargada de un olor seco que oreaba la garganta.
   --Parece --continué-- como si tu objetivo no se hubiera aclarado con el sol de la impaciencia ¿No es cierto?
   Le tomé las manos y la atraje hacia mí, era como si nos conociéramos de toda la vida, se había instalado entre nosotros una poderosa sensación de seguridad.
   Alcé el brazo invitándola a mirar al horizonte hasta donde se confunde con la vista. La miré y le mostré una franca sonrisa mientras le decía:
   --Yo te digo.. ¡Sonríe¡ Llena esta tristeza y el vacío y llénalo de alegría --tomé un pequeño respiro y module mis palabras-- Aprenderás, con el paso del tiempo, el verdadero sentido de vivir con orgullo, con ganas de saltar los barrancos que el mundo cava a tus pies.
   Empezamos a caminar sobre la ardiente arena, ella levantó la mano señalando hacia un águila real, que con sus alas extendidas planeaba majestuosamente sobre nuestras cabezas.
   --Fíjate vuela en libertad, seguro que ha abandonado sus miedos --Esbozó una gran sonrisa, se alzó de puntillas y me dio un cálido beso en la mejilla.